Considerada una obra maestra del cine, esta película dirigida en 1957 por Sidney Lumet y protagonizada por Henry Fonda, es mucho más que una vehemente crítica sobre el sistema judicial de EEUU.
Su mayor interés radica en el potencial de las dotes comunicativas del protagonista, que logra hacer cambiar de parecer al resto de los miembros del jurado, creando dudas razonables sobre la culpabilidad del acusado.
Destaca por su importancia la comunicación no verbal, que además de transmitir información se convierte en una eficaz arma de persuasión.
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